Arko y Sonny la están mirando. No han dejado de hacerlo desde hace ya un rato. Observan las comisuras de sus ojos castaños y la curva de su sonrisa y los reflejos oscuros de su pelo. Ella y Almendra están sentadas en el suelo de madera, inclinadas sobre unas hojas de papel tostado llenas de notas musicales; Juno canta bajito. Junto a la puerta, Primavera maúlla lastimeramente.
-Mírala -dice Arko-, ahí está Juno, la pequeña Juno. Pero ya no es una niña, ¿eh, Sonny? Es fuerte. Juno. Hasta tiene nombre de diosa. No parece que haya llorado nunca.
Sonny sonríe porque a él no le parece una diosa. Ella es más que eso. Es otoño susurrado al oído y es nubes esparcidas por el suelo. Mucho más, se dice.
-Juno no es fuerte, solo lo parece, pero ¿dices que no ha llorado nunca? No sabes cuantas lágrimas tiene guardadas ahí dentro, Arko, no lo sabes; yo sí. Es horrible.
El otro no dice nada. Al cabo de unos minutos, Sonny le mira a los ojos. Está muy serio.
-Tío, hazme un favor.
-... Diría "lo que tú digas", pero no me fío... -Arko se ríe desviando la mirada.
-Nunca te enamores de Juno.
-Antes muerto.
Dioses, no me canso de leer sobre Juno y Sonny, de verdad. A ver cuando nos deslumbras con la historia entera.
ResponderEliminarPor cierto, ayer me preocupaste con la entrada (no pude comentarte) si necesitas cualquier cosa yo ando por aquí (a unos 700km pero por aquí) para lo que sea (: