Y se sienta, tiene las manos heladas y la punta de la nariz colorada. Como todos los días de invierno, ha traído su cuaderno blanco y un lápiz, y no deja de dibujar sus ojos. Se sienta frente a él, se pasa la lengua por los labios y comienza.
-Es imposible dibujarte, Sam. Es como si las líneas se me escaparan del lápiz. Y cada segundo has cambiado. Parpadeo. Has cambiado.
Él, con la misma sonrisa preciosa de siempre. Y ella no deja de intentarlo. Lleva sus guantes negros sin dedos y sus cejas son perfectas. Y se llama Boo y no deja de intentarlo.
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